Cómo llegar a Roma

Roma tiene dos aeropuertos, una estación central que lo conecta todo, y un puerto de cruceros que está más lejos de lo que la gente cree. La buena noticia es que, salvo que llegues en coche —de lo cual hablamos más abajo, y por qué no te lo recomendamos—, todas las opciones son razonablemente sencillas si sabes qué elegir según tu presupuesto y cuánta prisa tienes.

Desde el aeropuerto de Fiumicino

Fiumicino, también llamado Leonardo da Vinci, es el aeropuerto principal de Roma y el que probablemente usarás si vienes desde España en un vuelo directo. Está a unos 30 km del centro, y la forma más rápida de llegar es el Leonardo Express, un tren directo a la estación Termini que tarda 32 minutos y cuesta 14 €. El billete se compra en las máquinas de la zona de llegadas, en los quioscos o en la web de Trenitalia, y hay que validarlo en las máquinas naranjas del andén antes de subir — es un paso que mucha gente se salta por las prisas, y el revisor no suele tener mucha paciencia con los turistas que «no lo sabían».

Un aviso poco comentado: si llegas en temporada alta con vuelos que aterrizan casi a la vez, el vagón de equipajes del Leonardo Express se llena rápido y hay quien tiene que viajar de pie con la maleta entre las piernas los 32 minutos. Si te importa ir cómodo, deja pasar un tren y coge el siguiente en vez de forzar la entrada al primero.

Si vas más ajustado de presupuesto, los autobuses de COTRAL o Terravision hacen el mismo trayecto por unos 6-7 €, con salidas frecuentes, aunque el viaje se alarga bastante más por el tráfico de la autopista de acceso a Roma.

Para quien prefiere no pensar en nada al llegar, el taxi oficial tiene tarifa fija de 55 € hasta cualquier punto dentro de las Murallas Aurelianas (el centro histórico), sea cual sea el tráfico o la hora. Si viajáis en grupo de tres o cuatro, sale más a cuenta que el tren. La regla de oro para no acabar pagando de más: el taxi tiene que ser blanco, con el logo «Comune di Roma» en la puerta y un taxímetro visible aunque no lo vayan a usar por ser tarifa fija. Quien se te acerque dentro de la terminal —antes de llegar a la parada oficial— ofreciéndote «un buen precio» no es un taxista con licencia, es alguien que vive de cobrar de más a quien acaba de aterrizar y no conoce las tarifas. La parada oficial de taxis está fuera del edificio, señalizada, con cola — si te ofrecen saltártela, desconfía.

Desde el aeropuerto de Ciampino

Ciampino es el aeropuerto de las compañías low cost, más pequeño y a solo 15 km del centro. No tiene conexión de tren directa, así que la opción habitual son los autobuses de COTRAL, Terravision o Schiaffini hasta Termini, con salidas coordinadas a la llegada de los vuelos.

El taxi con tarifa fija desde Ciampino al centro cuesta 40 €, también independiente del tráfico. Aquí se repite exactamente el mismo consejo que en Fiumicino sobre evitar a quien se ofrece antes de la parada oficial — en Ciampino, al ser un aeropuerto más pequeño y con menos control visible, es donde más se da este tipo de abordaje.

En tren

Si llegas desde otra ciudad italiana o europea, Termini es el punto de entrada natural: es la estación principal de Roma, conectada directamente con el metro y con la mayoría de las líneas de autobús urbano. Los billetes se compran y consultan en Trenitalia, y si vienes desde ciudades cercanas como Florencia o Nápoles, el Frecciarossa te deja en el centro en poco más de una hora.

En barco: la opción menos directa

Llegar a Roma en barco significa, en realidad, llegar a Civitavecchia, un puerto a unos 80 km de la ciudad, así que hay que contar con un traslado adicional. Es la situación típica de quien hace escala en crucero por el Mediterráneo: normalmente solo dispones de unas horas en tierra, desde la mañana hasta media tarde, así que conviene salir del barco cuanto antes — quien se entretiene desayunando tranquilo a bordo suele perder una hora entera del día en Roma sin darse cuenta.

Desde el puerto, las navieras suelen ofrecer un autobús gratuito hasta la estación de tren de Civitavecchia. Desde ahí, el tren a Roma es la opción más económica y rápida: unos 10 € ida y vuelta, salidas cada 30 minutos aproximadamente, y algo más de una hora de trayecto. Conviene bajarse en Termini si el plan es ir directo al centro, aunque paradas intermedias como Roma San Pietro o Roma Trastevere pueden ahorrar tiempo si tu prioridad es el Vaticano o esa zona.

El autobús privado ronda los 20 € ida y vuelta y deja en zona céntrica, pero aquí sí hay que ser estricto con los horarios de regreso: a diferencia del tren, que tiene frecuencia fija, el bus depende del tráfico de vuelta al puerto, y quien llega tarde al barco se queda en tierra. El coche privado, al no haber apenas competencia en esa ruta concreta, puede dispararse hasta los 300 €.

En coche: por qué no te lo recomendamos

Conducir en Roma no es para cualquiera, y no es solo una cuestión de nervios: buena parte del centro histórico es ZTL (zona de tráfico limitado), vigilada por cámaras automáticas que no avisan ni hacen distinciones. La multa no llega en el momento — llega semanas o meses después a tu casa en España, vía la empresa de alquiler, con un recargo de gestión añadido encima de la sanción italiana. Es habitual que alguien vuelva de un viaje pensando que «no pasó nada» y se encuentre la sorpresa en el buzón cuando ya ni se acordaba de la ruta que había tomado.

Aparcar, además, es otro quebradero de cabeza: plazas escasas, zonas azules de pago casi permanente y grúa fácil en cuanto invades una ZTL sin permiso. Si tu plan es moverte solo por Roma, el transporte público —tren, metro y autobús— te resuelve todo sin ese riesgo. El coche solo empieza a tener sentido si vas a salir de la ciudad para explorar alrededores como Tívoli u Ostia Antica, donde no hay restricciones de este tipo.

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