Tívoli, es una ciudad de la provincia de Roma en la región del Lacio, situada a unos 26 km de Roma a 32 km por carretera. Es la antigua Tibur y fue uno de los lugares de veraneo favoritos durante el Imperio romano, donde tenían sus villas algunos personajes famosos como el emperador Adriano, el poeta Horacio o el consejero de Augusto e impulsor de las artes Cayo Mecenas, entre otros.

Se puede llegar tomando el tren regional desde la estación Termini, o bien tomando la línea B de metro dirección Rebibbia hasta la estación Ponte Mammolo y desde allí en autobús de la empresa Cotral, tardan entre 40 y 50 minutos.

Si se quiere visitar la villa Adriana hay una parada de autobús antes de llegar a Tivoli, que te deja a algo más de un kilometro y no es necesario llegar hasta la ciudad, o bien al llegar a Tívoli tomar la línea 4 hasta villa Adriana, que deja en la puerta del yacimiento. Si solo se desea visitar la villa Adriana, se puede coger el autobús de vuelta a Roma desde ese punto.

En Tívoli, merece la pena callejear un rato sin rumbo fijo por la zona antigua ya que tiene mucho encanto. Luego visitar alguno de los monumentos de interés, como son los templos romanos de Sibila y Drusila, restos de otros dedicados a Hércules o Vesta, o los restos de las murallas y la puerta hacia Roma. Otros monumentos interesantes son la catedral (duomo) de San Lorenzo o el castillo de la Rocca Pia, este último cerca de la estación de tren.

Pero, el monumento más relevante de Tivoli junto con la villa Adriana es la villa de Este (villa d’Este), ambas declaradas Patrimonio de la Humanidad. Su construcción, en el siglo XVI, ocupa el emplazamiento de un antiguo convento, fue encargada por el cardenal Hipólito II d’Este, hijo de Alfonso I d’Este y Lucrecia Borgia, y nieto del papa español Alejandro VI.

El palacio realizado por Pirro Ligorio alrededor del claustro del antiguo convento, se yergue en lo alto de una colina, aunque su fama se debe al conjunto de los jardines y fuentes, obra de Giacomo della Porta. Si bien los jardines se resienten del abandono de siglos, sus fuentes y grutas siguen hablando de un pasado lujoso y frívolo de sus antiguos propietarios.

Desde la gran logia del palacio se divisa el conjunto de jardines y se desciende hasta la gruta de Diana y las diversas fuentes alimentadas por el agua del rio Aniene y el manantial Rivellese, entre las que destacan la Fontana del Bicchierone, atribuida a Bernini, la Fontana della Rometta (pequeña Roma) una reproducción de la isla tiberina, la Fontana dell’Ovatto, la Fontana dell’Organo que era un órgano de agua, en el que la presión de ésta llenaba los tubos con aire y los hacía sonar, aunque actualmente ya no suena, le Cento Fontane formada por una hilera de cien caños o la Fontana dei Draghi, situada en el centro de los jardines, formada por cuatro dragones y realizada con motivo de la visita del papa Gregorio XIII en 1572, cuyo escudo contiene un dragón.

La villa Adriana está a unos 23 km de Roma, y a unos 6 de Tivoli y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1999. 

Si se quiere visitar la villa Adriana hay una parada de autobús antes de llegar a Tivoli, que te deja a algo más de un kilometro y no es necesario llegar hasta la ciudad, o bien al llegar a Tívoli tomar la línea 4 hasta villa Adriana, que deja en la puerta del yacimiento. Si solo se desea visitar la villa Adriana, se puede coger el autobús de vuelta a Roma desde ese punto.

Fue construida en el siglo II, entre los años 118 y 134 d.C., como residencia veraniega del emperador Adriano, a donde trasladó su corte y vivió de forma permanente y desde allí gobernó el imperio. Posteriormente, fue utilizada por algunos de sus sucesores, hasta que con el declive del Imperio Romano cayó en desuso, fue asolada por los bárbaros que acamparon ahí entre los siglos VI y VIII y quedó parcialmente en ruinas.

A pesar de que las excavaciones del conjunto empezadas en el siglo XV, promovidas por el papa Alejandro VI, continuadas en siglos posteriores, muchas de las ruinas siguen hoy en día sin ser identificadas. El cardenal Hipólito II de Este en el siglo XVI, hizo que gran parte de los mármoles y estatuas de la villa se trasladaran para decorar su residencia de villa de Este. Algunas de las estatuas procedentes de las excavaciones están repartidas por varios museos de Europa, como el Discóbolo de Mirón del Museo Británico, puede que la Diana de Versalles del Museo del Louvre, o las ocho musas que decoraban el Odeón, adquiridas por la reina Cristina de Suecia (1626-1689) que restauradas y expuestas en su palacio romano, fueron compradas por el rey Felipe V de España en 1725, y se exponen actualmente en el Museo del Prado de Madrid.

El complejo palaciego de más de 30 edificios, se convirtió en un extenso museo al aire libre de unas 120 hectáreas, gran parte del cual está aún sin excavar.

Constaba de palacios, fuentes, termas, bibliotecas, templos, teatro, salas para residencias oficiales, y habitaciones para cortesanos, pretorianos y esclavos, y estaba lleno de reproducciones a tamaño real de edificios de Grecia y Egipto favoritos del emperador.

Algunos de esos edificios son:

Canopo (Canopus) y (Serapeum): Tal vez una de las zonas más llamativas y mejor conservadas del conjunto, son una gran piscina llamada Canopo (Canopus) rodeada de columnas corintias, cariátides y copias de estatuas griegas, con la estatua de un cocodrilo emergiendo del agua, y una gruta artificial (Serapeum). Canopo era una ciudad egipcia en la que había un templo (Serapeum) dedicado al dios Serapis. Un arquitecto destacado de la época, Apolodoro de Damasco, comparó el Serapeum con una calabaza lo que indigno a Adriano. Cuando éste se convirtió en emperador, Apolodoro fue desterrado y más tarde condenado a muerte.

Pecile: es una reconstrucción de la Estoa Poikile o Estoa Pecile (pórtico pintado) que era el centro político y cultural de Atenas, por la que paseaban los estoicos y de la que tomaron el nombre. Está formado por un peristilo rectangular de 232 x 97 cm, con una piscina también rectangular en su interior, rodeado por un quadro porticus. Se conservan parte de los muros del edificio.

Templete circular de Venus (Temple di Venere Cnidia): Se trata de un espacio circular, constituido por una serie de columnas dóricas y centrado por una copia de la Venus de Cnido, también se hallaron esculturas de Apolo y Discóbolo que se encuentran en algunos museos.

Plaza de Oro: En el extremo norte de la villa, se alza un amplio atrio destinado a las funciones públicas del complejo; en el centro, una fuente rectangular; en el sur, un edificio octogonal con una cúpula apoyada sobre ocho columnas; y en el este y oeste dos largas galerías subterráneas que llevaban hasta el edificio principal.

Teatro Marítimo: Es un complejo de una sola planta, que consiste en un pórtico redondo con una bóveda sostenida por pilares. Tiene una isla circular de 45 metros de diámetro, rodeada de una piscina en forma de anillo, conectada por dos puentes de madera. En la isla hay una pequeña villa romana de estilo jónico, con un atrio, una biblioteca, un triclinium y pequeños baños. Probablemente fue utilizado como retiro por Adriano para meditar y escribir sus memorias, aunque también se cree que era donde pasaba la mayor parte del tiempo con su amante Antinoo.

Antinoeion: En 1998, se descubrió el Antinoeion, los restos de la tumba o un templo dedicado a la memoria de Antinoo, un joven esclavo de 13 años que era el amante favorito del emperador, y que murió ahogado en el Nilo ante la mirada de Adriano.

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