De las seis estatuas parlantes de Roma la más conocida es la de Pasquino (pronunciado en italiano pasqüino), origen de la palabra en español pasquín.

La estatua, un torso de figura masculina, es en realidad un fragmento de una obra helenística, probablemente del siglo III a. C., representa casi con seguridad a un guerrero heleno. Estuvo durante años en una callejuela, hasta que en el año 1501 fue colocada en una esquina de una plaza, en el lugar que todavía ocupa actualmente, es la Piazza Pasquino, cerca de la Piazza Navona.

Entre las diferentes hipótesis sobre el nombre de Pasquino, unas apuntan, entre otras, a un personaje conocido por sus versos satíricos, quizás un maestro de gramática latina, que ejercía su docencia en la misma plaza y al que sus alumnos encontrarían parecido con la estatua; un zapatero de nombre Pasquino que tenía una tienda cerca de donde se colocó la estatua; o a un gladiador de nombre Pasquinus, a quien al morir el poder imperial erigió una estatua.

Se convirtió en figura característica de la ciudad durante el siglo XVI. En la fiesta de San Marcos los estudiantes se reunían alrededor de la estatua y le colgaban composiciones poéticas en latín e italiano, que generalmente eran halagos dedicados a los cardenales y pontífices. Con el tiempo empezaron a colocarse en cualquier época del año, durante la noche, escritos críticos, satíricos y libelos dirigidos contra personajes públicos importantes, incluidos cardenales y pontífices, que por su contenido eran presentados de forma anónima. Se hizo tan famosa y sus palabras tan peligrosas, que algunos Papas molestos se propusieron acabar con ella, como Adriano VI que quiso lanzarla al río, otros propusieron montar guardia día y noche para ver si acababan con los pasquines, pero lo que consiguieron fue que otras estatuas de la ciudad empezaran a hablar. Con el tiempo incluso existieron diálogos entre las diferentes estatuas.

Otras estatuas parlantes de la ciudad

Marforio es la estatua parlante más conocida después de la de Pasquino. Se encuentra en la entrada del Museo Capitolino. Es una enorme escultura de mármol de la época romana, en forma de figura masculina recostada, que representa quizá al dios Neptuno o al río Tíber. Formaba parte de una fuente y fue encontrada en el área conocida como Foro de Marte, de donde probablemente venga el nombre de la estatua. El Babuino es una estatua recostada que forma parte de una pequeña fuente, situada en la vía del mismo nombre que une la Piazza del Popolo con la Piazza di Spagna. Representa a Sileno yacente, divinidad de los manantiales y del vino, fue rebautizada por el pueblo de Roma como il babbuino por su aspecto bruto y deforme, más parecido a un simio.
Madama Lucrezia, es la única de las estatuas parlantes de Roma, que representa una figura femenina. Se trata de un busto de época romana, de unos 3 metros de alto, situado en un ángulo de la conocida Plaza Venecia, entre el Palacio Venecia y la Iglesia de San Marcos. Según una hipótesis representa a la diosa Isis o una de sus sacerdotisas. Según la tradición, debe su sobrenombre a que fue donada por Lucrezia d’Alagno, la amante de Alfonso II de Nápoles, quien tras la muerte de su amante se retiró a Roma, teniendo su vivienda en el solar donde en la actualidad se encuentra la estatua.

Il Facchino, otra de las estatuas parlantes de Roma es la que decora la pequeña Fontana del Facchino (la fuente del portero), en la vía Lata muy cerca de la vía del Corso. Representa a un hombre que sostiene un barril, probablemente se trate de un aguador.

El Abate Luigi (o Abbate Luiggi en dialecto romano) data de época romana y representa a un orador o magistrado. Ha cambiado varias veces de emplazamiento, hasta que desde 1924 se encuentra en su ubicación original en la piazza Vidoni, junto al muro de la Iglesia de San Andrés del Valle, situada en el Corso Vittorio Emanuele II.

Parece ser que tantas mudanzas acabaron por destruir su cabeza original que fue sustituida por otra, también de época romana, lo que provocó un pasquín donde el mismísimo abate se acusaba de “haber perdido la cabeza”. A falta de identificación, la fantasía popular le asignó el sobrenombre de Abate Luigi, ya que encontraba al personaje bastante parecido al sacristán de la cercana Iglesia del Sudario, conocido en aquella época con ese nombre. En la base de la estatua hay unos versos que dan testimonio de la locuacidad de estas estatuas parlantes.

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